Abril 2026 — San Salvador, El Salvador
Ayer, 26 de abril, celebramos el Día Mundial de la Propiedad Intelectual, y este año la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) nos envió un reto directo: “Preparados, listos, a innovar”. Como salvadoreña y profesional de la Propiedad Intelectual (PI), no puedo evitar ver un partido de fútbol o una final de surf sin pensar en lo que hay detrás de cada jugada: no solo hay talento, hay activos intangibles que, si no se protegen, se desvanecen.
La Copa Mundial de la FIFA 2026 está a la vuelta de la esquina. Un Mundial no es solo goles; es un mundo completamente lleno de Propiedad Intelectual. Desde los derechos de transmisión que conectan al mundo, pasando por el merchandising protegido por marcas registradas, hasta la variedad tecnológica de los balones protegida por patentes. Todo lo que tanto nos atrae del deporte es, legalmente, un ecosistema de derechos de autor y propiedad industrial, pero en el centro de dicho ecosistema están, principalmente, los atletas como marca e imagen.
Hoy, figuras como Lionel Messi o Cristiano Ronaldo son corporaciones. Ellos entendieron que su carrera en la cancha tiene fecha de caducidad, pero su nombre como marca registrada es eterno. Monetizan su identidad porque son dueños de su Propiedad Intelectual.
Y de cara a nuestra realidad en El Salvador, tenemos referentes que ya están marcando el camino. Marcelo Arévalo en el tenis mundial, Bryan Pérez en surf y Herbert Aceituno en powerlifting. Pero aquí surge la pregunta necesaria: ¿Están protegiendo su marca personal con la misma fuerza que ellos representan a nuestro país?
Como abogados de Propiedad Intelectual, vemos con preocupación cómo muchos de nuestros atletas operan “en el aire”. El error más común en El Salvador es creer que la marca es el equipo o la federación. El atleta olvida que su rostro, su nombre y su historia son activos comerciales propios.
A veces creemos que el éxito de un deportista se mide solo en medallas, pero como profesionales en el área, sabemos que el esfuerzo de años puede diluirse en un contrato de una sola página. Pero los atletas deben entender que su nombre es su único patrimonio real.
Al final del día, el deporte nos une, pero la Propiedad Intelectual permite que esa unión genere un futuro sostenible para quienes nos hacen soñar.
¡Feliz Día de la Propiedad Intelectual!
Torres Legal - Comunicaciones
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